Hay pueblos que conservan sus tradiciones y otros que las viven con intensidad. Villar del Humo volvió a demostrar este fin de semana que la gastronomía popular puede convertirse en el mejor punto de encuentro entre generaciones. Ni la lluvia ni el cielo cambiante lograron empañar una celebración que, dieciocho años después, sigue creciendo en participación, emoción y sentimiento de pertenencia.

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